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Descuentos y Tarifas Especiales

El dilema del precio: descuentos y tarifas especiales

Por fin me he animado a escribir este post y lo hago porque últimamente se ha convertido en una situación demasiado habitual, que sale en cada conversación que tengo con alguna amiga y compañera autónoma.

 

Los descuentos o tarifas especiales.

 

Personas que se presentan y directamente te piden un descuento en tus servicios, personas que piden extras y se asombran de que lleven un cargo adicional, personas que te dicen claramente que es muy caro para cuatro cosas que hay que hacer y que eso se lo hace gratis una amiga/prima/hija de su amiga… Personas que piden y piden y piden y luego dicen: ¿Eso cuesta? No, “eso, vale”. Porque todo tiene un valor, un tiempo de dedicación, los conocimientos de un profesional en esa materia y que además tiene los recursos a su alcance para llevarlo a cabo.

 

Poner a disposición de otra persona todo eso a un precio rebajado… Es difícil.

 

Difícil porque hay trabajo detrás que normalmente se desconoce y porque hay mucho que pagar (no todo lo que cobramos es beneficio para nosotros): gestor, cuota de autónomos, IRPF, internet, oficina y empleados (si se tiene), programas de diseño y en general cualquier herramienta de trabajo. Muchas cosas.

 

¿Por qué buscamos contratar a alguien para que nos haga algo? Normalmente porque, o no se tiene tiempo o no se sabe. Estamos contratando el tiempo y conocimientos de otra persona que hará lo que nosotros no podemos hacer. Es así de sencillo.

 

¿Por qué pedimos descuentos en determinados servicios y en otros ni nos lo planteamos? ¿Por qué perdemos la vergüenza con unos y no con otros?

 

A mí no me interesa un cliente que me pide un descuento. ¿Por qué? Porque nada más empezar ya veo que no valora ni mi tiempo, ni mi trabajo, y eso se convertirá en una relación complicada en la que posiblemente me sienta frustrada con el proyecto y no lo disfrute.

 

Prefiero que un cliente sea sincero desde el principio: “me gustaría esto, pero ahora mismo mi situación económica…”. De esta forma (y si es posible) puedo buscar una alternativa con la que empezar y que más adelante se pueda ir ampliando.

 

Si tengo un cliente que ha contratado alguno de mis servicios y vuelve otra vez porque tiene otro proyecto y quiere que se lo haga yo y los precios han subido (porque la vida también sube), aquí tal vez me plantee hacerle un descuento o mantenerle el precio de antes. Porque me apetece, porque quiero hacerlo así. Tengo esa libertad para hacerlo o no hacerlo con alguien que ha demostrado que valora mi trabajo, que le gusta y que además quiere repetir.

 

Hace tiempo, una persona me dijo que por qué no hacía un precio especial para aquellos que están empezando y que tienen más gastos, menos o cero ingresos… Lo primero que pensé fue “tú a mí no me haces ningún descuento” (la gente pide descuentos que no están dispuestos a dar ellos, ojo). Luego pensé “no es mala idea, pero hasta cierto punto porque no puedo cubrir gastos solamente. ¿Qué clase de futuro tendría si solo cubro gastos? Ninguno, sobre todo cuando me dedico a esto porque me gusta y porque quiero vivir de ello.

 

El tema de los precios es algo recurrente en las conversaciones. No saber si eres muy caro o te pasas de barato. Observas qué hacen otros compañeros (si se puede, porque no todos publicamos tarifas) para estar más o menos igualados, teniendo en cuenta también la experiencia de cada uno, que se paga.

 

El miedo a que parezca caro y ofrecer un precio más barato para que te contraten es algo que he aprendido a NO hacer, aunque me descarten. ¿Por qué? Porque sé cómo trabajo, sé lo mucho que me implico y las horas que le dedico para darle al cliente lo que quiere, me conozco y sé que no pararé hasta estar convencida al 100% (y es maravilloso cuando lo presentas y no te piden ni un cambio).

 

Aprender a decir «no» es uno de mis objetivos para este año. Porque al decir «no», me digo «sí» a mí y a mi proyecto. Un proyecto en el que confío y por el que trabajo mucho para sacarlo adelante.
¿Desilusiona preparar el presupuesto para un proyecto que te parece interesante, que quieres hacer… y luego te dicen que no? Sí, pero he aprendido que no puedo «rebajarme» para que me lo acepten porque al final quien sale perdiendo soy yo y no solo económicamente, también mi energía, ilusión… Todo lo positivo que siento por esta aventura se convierten en frustración, porque en el fondo sé que no recibo lo que se podría considerar «justo». Así que si estás en esta situación, te aconsejo que pares y te elijas, confíes en tu proyecto y apuestes por él, aunque pierdas algún trabajito por el camino.

 

Tener esa seguridad se aprende poco a poco y a base de tortas. Si yo no le doy valor a mi trabajo, ¿quién lo hará? El que me pide un descuento después de saludarme seguro que no. Hacerlo me aleja de mi cliente ideal, de mis objetivos e ilusiones.

 

En un presupuesto se debería valorar qué se incluye, si lo que te muestran te gusta, si la conversación te inspira… ¿El dinero? Es importante, pero no algo con lo que obsesionarse porque ya sabemos que a veces “lo barato, sale caro”.

 

Un ejemplo real: una persona a la que le hacían la web tirada de precio. Un precio que no voy a decir porque me parece hasta ofensivo. Finalmente, esa web fue más cara (desconozco los motivos, pero supongo que no todo estaba incluido en lo que se le dijo a esta persona al principio). ¿El resultado? Sin comentarios, de verdad. Todavía estoy que no me lo creo.

 

¿Tienes un negocio y te han pedido descuentos o tarifas especiales? ¿Has tenido alguna vez un dilema a la hora de establecer precios? ¡Me interesa saber tu opinión! Déjame un comentario y cuéntame tu experiencia 😉

 

 

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